Leer en papel o en pantalla: qué dice la ciencia de la comprensión

Los metaanálisis coinciden: en papel se entiende algo mejor, sobre todo con textos informativos y con prisa. Qué explica la diferencia, qué añade PISA 2025 y cómo leer mejor en pantalla.

Libro abierto con un lápiz junto a una tableta sobre un escritorio de madera: ilustración en papel plegado sobre leer en papel o en pantalla

¿Es mejor leer en papel o en pantalla? La respuesta de la investigación es más precisa que el debate público. Cuando el texto es informativo y hay que comprenderlo a fondo, el papel gana por poco, pero gana de forma repetida en los experimentos. La diferencia es pequeña, crece cuando leemos con prisa y casi desaparece con las novelas. Todo apunta a que el soporte influye menos por lo que muestra que por el ritmo de lectura que favorece: detenerse o pasar de largo. También pesa lo bien que vigilamos lo que vamos entendiendo.

Durante años, la narrativa dominante era sencilla: los nativos digitales leerían en pantalla igual de bien que sus abuelos en papel. La diferencia, se suponía, se esfumaría a medida que mejorase la tecnología. La investigación de las dos últimas décadas matiza mucho esa expectativa. Este artículo repasa qué han encontrado los grandes metaanálisis y por qué ocurre. También en qué casos da igual el soporte y qué hacer cuando no queda más remedio que leer en pantalla.

Qué es el «efecto de inferioridad de la pantalla»

Los investigadores llaman efecto de inferioridad de la pantalla a una observación repetida. Con el mismo texto, el mismo tiempo y lectores comparables, quien lee en un dispositivo digital responde algo peor a las preguntas de comprensión. Quien lee el texto impreso, algo mejor. La diferencia no parece explicarse principalmente por la velocidad de lectura ni por ver peor las letras. Apunta más bien a una representación mental menos sólida de lo leído.

Conviene precisar qué se mide. La mayoría de estudios usan textos lineales comparables, es decir, el mismo artículo impreso o en PDF, sin enlaces ni vídeos. Después del texto llega un test: preguntas literales («¿qué dice el texto sobre X?») e inferenciales («¿qué se deduce de X?»). Por eso estas conclusiones hablan de entender un texto, no de la experiencia de navegar por internet, que es otra actividad.

Por qué ahora: PISA 2025 y la vuelta al libro de texto

El tema ha vuelto al centro del debate por dos motivos. El primero es PISA 2025, que la OCDE publicó el 8 de septiembre de 2026. Según su nota de país, España obtuvo 451 puntos en lectura, por debajo de la media de la OCDE (461) y 23 menos que en 2022. Es la peor puntuación de España en lectura desde que existe PISA: el mínimo anterior, de 2006, estaba diez puntos por encima. La propia OCDE sitúa los resultados de lectura, matemáticas y ciencias entre los más bajos registrados en el país. El porcentaje de alumnos con rendimiento bajo en lectura ha subido 15 puntos porcentuales desde 2015. Sólo un 2 % de los estudiantes españoles alcanza los niveles superiores de lectura, frente al 6 % de media en la OCDE.

El informe incluye un dato que encaja con este debate. En España, el 29 % de los alumnos dice que sus compañeros se distraen a menudo con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias. Quienes lo declaran obtienen 16 puntos menos en esa materia, ya descontado el perfil socioeconómico. Además, el 86 % del alumnado español estudia ya en centros que prohíben el móvil, frente al 67 % de 2022.

Hay que leer estos datos con cuidado: PISA describe una correlación, no demuestra que las pantallas causen la caída. Lo que sí hace es dar contexto a una tendencia europea. Suecia, que apostó fuerte por la digitalización escolar, reservó en 2024 unos 658 millones de coronas en subvenciones para que los centros compraran en torno a 1,3 millones de libros de texto impresos. La entonces ministra de Escuelas, Lotta Edholm, lo justificó como respuesta a una digitalización poco meditada que había traído «más pantallas y menos libros».

Lo que dicen los metaanálisis

Un estudio aislado puede salir por azar. Por eso la pregunta se ha respondido con metaanálisis, que reúnen decenas de experimentos y calculan el efecto medio. Cuatro de ellos forman el núcleo de la evidencia actual.

El más citado, publicado en 2018 en Educational Research Review, lo firmó Pablo Delgado, de la Universitat de València, con Cristina Vargas, Ladislao Salmerón y la investigadora israelí Rakefet Ackerman. Reunió 54 estudios publicados entre 2000 y 2017, con más de 171.000 participantes. El hallazgo central es que el papel aventaja a la pantalla con un tamaño de efecto pequeño (g = −0,21). Esa ventaja depende de tres factores. Aumenta cuando la lectura tiene tiempo limitado. Aparece con textos informativos, pero no con textos sólo narrativos. Y había crecido con los años, en lugar de reducirse.

Un año después, Virginia Clinton publicó en el Journal of Research in Reading una revisión de 33 estudios experimentales con 2.799 participantes. Llegó a una conclusión parecida: leer en pantalla perjudicaba el rendimiento frente al papel, pero sólo con textos expositivos. En los narrativos no encontró diferencias. Tampoco halló diferencias fiables en el tiempo de lectura, de modo que la ventaja del papel no se explica porque se lea más rato.

En paralelo, Kong, Seo y Zhai analizaron 17 estudios en Computers & Education: mejor comprensión en papel y sin diferencias significativas en la velocidad de lectura. En 2024, el grupo de Salmerón publicó en el Journal of Educational Psychology un metaanálisis centrado en tabletas y móviles, los dispositivos que hoy entran en las aulas. Reunió 38 comparaciones entre grupos distintos y 21 en las que los mismos lectores pasaron por ambos soportes. La ventaja del papel volvió a aparecer, algo menor (g ≈ −0,11 y −0,10), y fue mayor en universitarios que en escolares. Lo llamativo es que, con estos dispositivos, ni la prisa ni el tipo de texto cambiaron el resultado.

Metaanálisis Qué reunió Resultado principal
Delgado et al. (2018) 54 estudios, más de 171.000 lectores Ventaja pequeña del papel; mayor con tiempo limitado y textos informativos
Kong, Seo y Zhai (2018) 17 estudios Mejor comprensión en papel; velocidad sin diferencias significativas
Clinton (2019) 33 estudios, 2.799 participantes Ventaja del papel sólo en textos expositivos; mejor autoevaluación en papel
Salmerón et al. (2024) 59 comparaciones con tabletas y móviles Ventaja pequeña del papel, más marcada en universitarios; sin efecto de la prisa ni del tipo de texto

No todas las revisiones llegan tan lejos. Yifan Li y Lingling Yan reunieron 37 experimentos en un metaanálisis de 2024 publicado en Telematics and Informatics Reports y no hallaron una diferencia global significativa entre ambos soportes, aunque sí diferencias según el lector, el texto o las condiciones de lectura. Es un trabajo más pequeño que el de 2018, pero recuerda que hablamos de un efecto modesto.

Leída en conjunto, la evidencia no dice que la pantalla arruine la lectura. Dice algo más útil: la mayoría de revisiones detecta una desventaja pequeña y bastante predecible, que aparece en condiciones concretas y que, por tanto, se puede gestionar.

Por qué la pantalla rinde menos: tres explicaciones

Nadie ha cerrado todavía la cuestión del mecanismo, pero tres explicaciones tienen apoyo en los datos, con distinto grado de solidez. No se excluyen entre sí: probablemente actúan a la vez.

1. La pantalla invita a leer en modo rápido

La llamada hipótesis de la lectura superficial (shallowing hypothesis) es plausible, pero no está demostrada. Parte de una observación cotidiana: casi todo lo que hacemos en una pantalla es breve y rápido. Mensajes, notificaciones, titulares. Con el tiempo, el dispositivo queda asociado a ese ritmo, y cuando toca leer algo exigente lo abordamos con el mismo estilo de vistazo. Encaja con lo que encontró el metaanálisis de 2018: donde más se nota la diferencia es cuando hay prisa, justo la condición que empuja a leer en diagonal. El de 2024, en cambio, no vio ese efecto de la prisa en los dispositivos de mano.

2. En pantalla creemos haber entendido más de lo que hemos entendido

En un experimento de 2011, Rakefet Ackerman y Morris Goldsmith pidieron a estudiantes que leyeran textos expositivos de unas 1.000 a 1.200 palabras y que predijeran su nota. Con tiempo fijo, papel y pantalla empataron. Pero cuando cada lector decidía cuánto tiempo dedicar, la pantalla salió perdiendo. Los autores no situaron la diferencia en la capacidad de comprender, sino en la metacognición. En pantalla, los lectores calibraban peor lo que sabían y repartían su tiempo de forma más errática. Clinton confirmó después que la autoevaluación es más precisa en papel.

Un estudio de Ronconi y Mason, de 2026, lo ha observado en estudiantes de séptimo y octavo curso. Leyeron textos de ciencias sobre terremotos y volcanes. En digital leyeron más rápido, se sintieron más seguros y entendieron menos. La cadena es reveladora: menos tiempo, peor vigilancia de la propia comprensión y, al final, peor comprensión. Me recuerda a Leonard Shelby en Memento, que confía en sus notas con una seguridad que la película se encarga de desmontar. Sentir que sabes algo no equivale a saberlo.

3. El papel da un mapa físico del texto

La tercera explicación es espacial. Un libro ofrece referencias que la pantalla borra: el grosor de las páginas leídas y por leer, la posición de cada párrafo, el gesto de volver atrás. En un estudio de 2013, Anne Mangen y su equipo compararon a 72 alumnos noruegos de décimo curso que leyeron los mismos textos impresos o en PDF. Los de papel puntuaron mejor en comprensión. Años después, en un experimento publicado en 2019, Mangen, Gérard Olivier y Jean-Luc Velay dieron a 50 adultos jóvenes un relato de 28 páginas de Elizabeth George, en un Kindle o en edición de bolsillo. La comprensión fue similar en casi todas las pruebas, pero quienes usaron el Kindle ordenaban peor los acontecimientos de la trama. Por su tamaño, no basta para sacar conclusiones sobre los lectores de tinta electrónica en general.

De las tres explicaciones, es la que menos respaldo ha recibido últimamente. En el estudio de Ronconi y Mason, la memoria de trabajo visoespacial apenas influyó, y los autores ven ahí poco apoyo a la idea de que las claves físicas del papel marquen la diferencia.

¿Y el desplazamiento vertical? Parece un sospechoso obvio, pero la evidencia es menos clara de lo que se suele decir. En el metaanálisis de 2024 no hubo diferencias entre pasar página y hacer scroll en tabletas y móviles. Los propios autores advierten, eso sí, de que había pocos estudios con scroll para afirmarlo con seguridad.

Cuándo da igual el soporte

Tan importante como saber cuándo pierde la pantalla es saber cuándo no. Con narrativa, la diferencia prácticamente desaparece: ni Delgado ni Clinton la encontraron con textos sólo narrativos, y tampoco un metaanálisis de 2022 dedicado en exclusiva a relatos, con más de 2.200 lectores en ordenador, tableta o e-reader. La excepción es el de 2024: con tabletas y móviles, los relatos no salieron mejor parados que los textos informativos. Aun así, ningún metaanálisis ha demostrado que leer una novela por placer en un e-reader cueste comprensión. El único indicio en contra, el pequeño ensayo con Kindle, afecta al orden de la trama, no a la comprensión general.

Con tiempo libre la desventaja se reduce, sobre todo si el lector lo aprovecha en lugar de acortar la lectura, que es justo lo que tiende a hacer en pantalla. El metaanálisis de 2018 lo resume así: hay condiciones predecibles que permiten la equivalencia entre soportes. La pantalla no condena a entender peor; lo hace más probable cuando se combinan texto denso, prisa y una confianza excesiva en lo que creemos haber captado.

Lo que pasa fuera del laboratorio: los hábitos de lectura

Los experimentos comparan un texto en dos soportes. La vida real es distinta: leemos mucho en el móvil, pero ¿nos ayuda a comprender mejor? En 2023, Lidia Altamura, Cristina Vargas y Ladislao Salmerón publicaron en Review of Educational Research un metaanálisis sobre la lectura digital por ocio. Reunió datos de 469.564 participantes en estudios publicados entre 2000 y 2022.

El resultado es poco alentador para la lectura digital temprana. En primaria y en los primeros cursos de secundaria, la relación entre leer por ocio en pantalla y la comprensión lectora fue ligeramente negativa. En los últimos cursos de secundaria y en la universidad pasó a ser ligeramente positiva. En conjunto, el efecto de la lectura digital fue muy pequeño, muy por debajo del que la literatura atribuye al hábito de leer en papel. Los autores apuntan a las distracciones del propio dispositivo, al ritmo rápido de los estímulos y a un vocabulario menos rico en muchos contenidos en línea.

Es una correlación, no un experimento, y no permite afirmar que el móvil empeore la comprensión. Pero sí permite descartar una idea muy extendida: que leer mucho en pantallas equivale, a efectos de comprensión, a leer libros. No lo parece, sobre todo en la infancia. Encaja con lo que ya sabemos sobre los móviles en clase y el aprendizaje.

Cómo leer mejor cuando toca hacerlo en pantalla

La investigadora Maryanne Wolf defiende un cerebro lector bialfabetizado, capaz de leer a fondo en papel y de moverse con criterio en lo digital. La desventaja de la pantalla varía con el tipo de texto y la edad, y eso no depende del lector. Lo alentador es que buena parte de ella sí depende de condiciones que podemos cambiar, como la prisa o las distracciones.

  • Quitarse la prisa. En ordenador, la ventaja del papel crece con el tiempo limitado. Si un texto importa, conviene leerlo sin reloj y sin otra ventana abierta: una pequeña dosis de trabajo profundo.
  • Escribir palabras clave al terminar. En un experimento de 2014, Tirza Lauterman y Rakefet Ackerman pidieron a los lectores que, un rato después de leer, resumieran el texto en unas pocas palabras clave. Esa tarea, que obliga a procesar a fondo, eliminó la desventaja de la pantalla y, según los autores, ayuda a calibrar mejor lo que uno cree saber.
  • Ponerse a prueba antes de darlo por sabido. Contra el exceso de confianza, nada como intentar explicar el texto sin mirarlo. Es la misma lógica que explica por qué olvidamos lo que leemos.
  • Silenciar el dispositivo. Las distracciones son parte del problema, como recoge PISA. Desactivar avisos durante la lectura ayuda; ya conté en otro artículo qué hacen las notificaciones con la atención.
  • Reservar el papel para estudiar. Para un examen, un informe o un contrato, imprimir sigue siendo la opción con más respaldo.

Errores comunes

  • Atribuirlo a los ojos. La desventaja aparece en pruebas de comprensión y de autoevaluación, no de visión. El cansancio ocular es otro asunto: el de la fatiga visual digital.
  • Dar por hecho que los nativos digitales no lo sufren. El metaanálisis de 2018 vio que la ventaja del papel aumentó con los años, justo cuando más gente creció entre pantallas. El metaanálisis de 2024 no encontró esa tendencia, pero los universitarios siguieron mostrando la desventaja.
  • Generalizar a cualquier lectura. Con novelas leídas por placer no hay una diferencia demostrada. El problema se concentra en textos informativos.
  • Confundir rapidez con eficacia. Terminar antes un texto en pantalla no significa haberlo entendido: cuando la lectura se acelera, como en el experimento de Ronconi y Mason, la comprensión baja.
  • Pensar que todo lo que se lee en el móvil suma igual. Los hábitos de lectura digital por ocio se asocian mucho menos a la comprensión que los de lectura en papel.
  • Convertirlo en una guerra. Los propios autores consideran poco realista evitar los dispositivos. La clave está en saber cuándo cuesta y compensarlo.

Preguntas frecuentes

¿Se entiende mejor un texto en papel que en una pantalla?

Por término medio, algo mejor. Los cuatro metaanálisis de referencia encuentran una ventaja pequeña a favor del impreso. En los estudios con ordenador se nota sobre todo con documentos informativos y bajo presión de tiempo, mientras que con relatos de ficción los resultados de ambos soportes se igualan. Con tabletas y móviles la ventaja es más pequeña y esas dos condiciones no la alteraron. No es una brecha enorme: una revisión de 2024 con 37 experimentos no la detectó en conjunto, aunque en las demás aparece una y otra vez.

¿Un lector de tinta electrónica cuenta como pantalla?

Sí, aunque se ha estudiado menos. En el metaanálisis de 2024, las ocho comparaciones con lectores electrónicos dieron resultados equivalentes a los de las tabletas. Con relatos, el metaanálisis de 2022 tampoco halló diferencias entre ordenador, tableta y e-reader. Un ensayo pequeño con un Kindle observó peor recuerdo del orden de la trama. Para disfrutar de una novela no hay motivo de alarma; para estudiar, el impreso tiene más respaldo.

¿Afecta igual a niños, adolescentes y adultos?

En universitarios y adultos la desventaja experimental está bien establecida. En escolares los datos son menos claros: con dispositivos de mano, los estudios que comparan grupos distintos de alumnos no la detectaron en conjunto, aunque los dos únicos con muestras grandes y representativas, de cuarto y octavo curso, sí. Lo que más preocupa en la infancia es otra cosa. Entre los escolares más jóvenes, leer por ocio en pantallas va asociado a una comprensión algo peor, no mejor.

¿Leer novelas en el móvil o en el e-reader es peor?

Con narrativa, los metaanálisis no detectan una pérdida de comprensión atribuible al soporte. Si alguien lee ficción por placer en un dispositivo, la elección es más de comodidad que de rendimiento. Eso sí, conviene silenciar avisos para que la historia no compita con mensajes y alertas.

¿Qué puedo hacer si tengo que estudiar en pantalla?

Leer sin reloj y con una sola ventana abierta. Al final, anotar las ideas en unas pocas palabras clave y comprobar si eres capaz de explicarlo sin volver al texto. Esas tres costumbres atacan los dos puntos débiles de la lectura digital: la prisa y la falsa sensación de dominio.

Resumen práctico

  • El papel ofrece una ventaja pequeña en comprensión que aparece en la mayoría de estudios, sobre todo con textos informativos.
  • La diferencia crece con la prisa, al menos en ordenador, y casi desaparece con la narrativa leída por placer.
  • En pantalla solemos sentirnos más seguros de lo que deberíamos y, en algunos experimentos, también leemos más rápido.
  • Leer mucho en el móvil no equivale a leer libros, especialmente en la infancia.
  • Para estudiar: papel si es posible; si no, sin prisa, sin avisos y con un resumen de palabras clave al final.

Referencias externas:

Avatar conceptual de Carlos Vega: cadena de ADN y microscopio en estilo origami, teal y blanco

Carlos Vega

Divulgador científico. Medicina, descubrimientos y actualidad explicados con rigor y sin alarmismos. Lo que la ciencia dice, no lo que parece.

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